La Iglesia de Jesús


TRAS NARRAR EL solemne momento en que Pedro proclama a voz en cuello que Jesús es el hijo de Dios Vivo, Mateo da cuenta de la metida de pata del apóstol. Este rechaza de plano el anuncio de que el Maestro aceptará voluntariamente su Pasión. Salen chispas del choque entre ambos hombres, llegando incluso Jesús a ordenar “¡apártate de mí, Satanás porque tú no ves las cosas como las ve Dios, sino como las ven los hombres!”

La intensidad del diálogo debe haber impresionado a sus testigos, acostumbrados a profesar un profundo respeto al Maestro. Tal vez ello explique la escasa atención que se presta al anuncio de la creación de su iglesia que formula Jesús. “Y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”.

Palabras que insuflan aliento a tantos católicos y fieles de otras iglesias cristianas abrumados por la sucesión interminable de escándalos sexuales que se han destapado desde comienzos de siglo. Cuando ha parecido que se habían agotado las denuncias y que llegaba al fin un periodo de calma para restañar heridas, reflexionar, orar y tratar de descubrir qué quiere el  Señor de su (nuestra) Iglesia al haber permitido que se precipitara a crisis tan profunda, han surgido nuevos escándalos.

Muchos han desertado, abandonando en silencio sus templos y parroquias, lo que sumado a la pérdida de la religiosidad se manifiesta en el descenso sustancial de la asistencia a misa o a cultos.

Otros siguen resistiendo la tentación de marcharse. Tienen claro que forman parte de Iglesia de Cristo y que su permanencia en ella no depende de la conducta de León XIV ni de la obispa que encaró a Trump, ni del pastor de la iglesia del barrio. La fe de estos creyentes está fundada en la roca que es Jesús resucitado.

Vale la pena considerar las reflexiones del intelectual católico italiano Carlo Carretto, quien a comienzos del siglo XX señalaba: “¡Qué cuestionable eres Iglesia y, sin embargo, cuánto te quiero. Cuánto me has hecho sufrir y, sin embargo, cuánto te debo. A veces desearía verte destruida y, sin embargo, tengo necesidad de tu presencia… Me has escandalizado mucho y, sin embargo, me has hecho conocer la santidad. Nada he visto más oscurantista y falso; y nada he tocado más puro, generoso, bello… ¿Que la Iglesia ya no es creíble? Ninguno de nosotros es creíble mientras esté en este mundo. No me voy de esta Iglesia, pese a considerarla fundada sobre una piedra débil porque fundaría otra sobre una piedra más débil todavía, que soy yo. Y si la construyo, sería mi Iglesia, y no la de Cristo”.

Raúl Gutiérrez V.

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Raúl Gutiérrez es Periodista y miembro de nuestra Iglesia Luterana en Valparaíso.

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