MENSAJE PASTORAL ILV

Mensaje Pastoral ILV sobre la acción de nuestra iglesia 
ante las marchas y movimientos sociales

Queridos miembros y amigos de la Iglesia Luterana en Valparaíso. Les escribo a corazón abierto para inspirarles sobre nuestra forma de vivir la fe y promoverla en nuestro entorno. Nuestra iglesia tiene una tradición muy importante a lo largo de su historia, tanto en Chile como en el mundo, la cual debemos defender y practicar, y es la de «protestar» contra los abusos, vulneración de derechos, pobreza y todo tipo de injusticia, tanto dentro como fuera de la iglesia; tradición que viene desde los antiguos profetas del AT, el mismo Jesús y los Apóstoles en el NT, hasta los reformadores protestantes del siglo XVI como Martín Lutero. Así nació nuestra fe cristiana-luterana y así hemos ido creciendo y madurando hacia una iglesia cada día más espiritual, fraterna, de teología madura e inclusiva en todos los sentidos. 

En este año, hemos participado como iglesia de 2 marchas en apoyo a movimientos que buscan la defensa de los derechos de las mujeres (marcha feminista) y de las diversidades sexuales (marcha del orgullo). El participar en las marchas, identificándonos en ambas como Iglesia Luterana en Valparaíso mediante un lienzo (que dice: «Iglesia Luterana en Valparaíso, por las libertades, igualdades y derechos de la mujer y diversidades sexuales«), es el paso que nuestra iglesia debe dar para darse a conocer en la sociedad y posicionarse en la ciudad, como una iglesia abierta, inclusiva y que no es pasiva, sino activa en la lucha por las necesidades de las personas desde la fe. En el mundo vemos una crisis total de las iglesias, en especial en cuanto al amor e inclusión que niegan a los fieles, donde predomina el juicio, el abuso, el castigo y la opresión. Nuestra iglesia debe, sí o sí, desmarcarse de este movimiento que desgarra los corazones y la fe de las personas.

Está claro que muchos de nosotros no fuimos educados en la participación de marchas, y hasta a mí me cuesta también participar en ellas por los miedos heredados. Tampoco entiendo el uso de radicalidades como las marchas feministas mostrando los pechos o los excesos en las marchas de diversidad sexual, pero al mismo tiempo, debemos comprender y empatizar con dichas manifestaciones de libertad, en el sentido de que son expresiones radicales de empoderamiento en la lucha por los derechos negados e interminables dolores sufridos por discriminación y abusos, y en ese sentido, tienen derecho al menos, a manifestarse como crean conveniente (nos guste o no) y así buscar la atención del mundo entero. Por lo cual nuestra participación es totalmente pacífica y lejos de las radicalidades o episodios de violencia que se muestran por la prensa en dichas marchas. Así, participando en marchas pacíficas y ordenadas, damos a conocer que estamos apoyando una lucha y no promoviendo tal o cual movimiento ni sus radicalismos (que son inevitables). Al mismo tiempo, de manera transversal, en los cultos y grupos vamos conversando sobre los fundamentos y razones de todo lo que hacemos para que todos ustedes, y en especial quienes participan activamente en la comunidad, estén al tanto y puedan opinar y sumarse, sin miedos, a la obra de fe que Dios nos llama. Como Concilio y Directorio ILV, creemos que debemos ser consecuentes con la fe y no podemos callar más tiempo. Hemos sido educados hacia una iglesia que vive su fe únicamente hacia adentro, sin mostrarse y llena de miedos ante lo desconocido y lo foráneo, pero ya tenemos la madurez suficiente para «romper el cascarón» y salir al mundo con nuestro mensaje de amor, perdón e inclusión en Cristo Jesús, no podemos cesar de proclamarlo cada vez que podamos. Porque la crisis de la Iglesia cristiana es tan grande que debemos evitar ser metidos en el «mismo saco» de los abusadores, opresores y castigadores. Este es el momento y debemos responder con fe, confianza y acción, sabiendo que es lo que realmente Dios y las personas esperan de la iglesia, y no desde el silencio, la pasividad, el quietismo propio de una comunidad cerrada o étnica. De aquí que pusimos un afiche gigante en ambas iglesias mostrando lo que creemos y hacemos; y redactamos declaraciones para cada marcha (adjuntos al final de este mensaje).

Invito a toda nuestra iglesia a vencer los miedos, a superar los prejuicios y a obrar siempre desde el amor. Como toda comunidad cristiana, somos diversos y hay diversidad de dones y personalidades. Juntos hemos logrado forjar una iglesia unida, fraterna, inclusiva y llena de amor para entregar. Esto no debe cambiar sino fortalecerse aún más en estos tiempos en que el mundo necesita, de manera urgente, de un mensaje liberador de parte nuestra, y no de uno opresor como el que entregan la gran mayoría de las iglesias. De aquí que rechazamos lo que muchos creen sobre los movimientos y prejuicios atados a ellos, como son:

1)   Que las mujeres quieren vivir sin hombres y creerse superior a ellos. Las mujeres sólo buscan lo que les corresponde, que es ser tratadas con respeto, dignidad y equidad, poder caminar seguras por la calle y que no las agredan ni las maten. Vivimos en un país machista y avalamos todo tipo de acciones que van en contra de la mujer, normalizándolas, sin empatizar con sus miedos, sus necesidades, sus sufrimientos y su terrible pérdida de libertades en comparación con los hombres, tratándolas de «sueltas» (o cosas peores) si se visten de tal o cual manera o si tienen varias parejas en su historia; o diciendo que cuando son abusadas «ellas se lo buscaron», como si los hombres fuésemos verdaderos animales que no podemos controlar nuestras pasiones abusando y violando a mujeres cuando ellas dicen NO. Aquí tenemos un especial desafío de educación hacia los hombres que son los agresores, en dejar de serlo; y hacia las mujeres en que empaticen con la necesaria búsqueda de igualdades y libertades.

2)   Que los homosexuales y la diversidad sexual son personas depravadas o pedófilos, un prejuicio carente de todo sustento, ya que son muchos más los heterosexuales depravados y pedófilos. El movimiento LGTBI lucha por caminar seguros por la calle, para que no los maten, para que no los discriminen, para que puedan vivir su amor en paz y tener los mismos derechos civiles que todos. El mundo ha convivido con la homosexualidad siempre y hay que perderle el miedo a que sea algo «contagioso» porque no lo es. La homosexualidad no es un simple juego como muchos piensan, y si lo fuera, sería un juego muy cruel, ya que lo que sufren aquellos que «salen del clóset» es algo dramático, perdiendo muchas veces a sus familias, seres queridos, iglesias, y trabajos, sólo por ser diferentes y amar diferente. ¡La sexualidad NO se elige, sino que se nace con ella y se aprende a vivir con ella! (y para muchos no es fácil). El amor es amor; y donde hay amor ahí está Dios.

Creo altamente necesario que escuchen ambos sermones del pasado fin de semana, ya que nuestra iglesia se desmarca de las demás como una iglesia inclusiva y de no-juicio sobre las personas, y quiero dejar muy en claro, que aquí no se aceptarán discriminaciones de ningún tipo y de parte de nadie. Al mismo tiempo aclaro que tampoco apoyamos radicalismos de ningún tipo. Como cristianos luteranos no podemos tolerar ninguna clase de homofobia, y rechazamos toda discriminación con la misma vehemencia con que rechazamos y predicamos en contra de la mentira, la corrupción, la violencia contra las mujeres y toda vulneración de derechos. Como iglesia no promovemos ningún movimiento social ni tampoco promovemos la diversidad sexual, sino que luchamos por aquellos que requieren ser defendidos y apoyados como parte de nuestra fe y nuestra libertad responsable en el Evangelio. Aquellos que deseen emitir juicios sobre las personas, hermanos y hermanas, por su forma de vivir el amor, o simplemente por ser diferentes, se están perdiendo el verdadero y liberador Evangelio de Cristo, que es radical en su inclusión en el amor de Dios y es lejano a juicios morales y discriminación. De aquí que los invito a participar activamente en la iglesia y a estar siempre atentos a los mensajes de los sermones, de modo que podamos repensar continuamente la fe desde la radicalidad de Cristo y no desde movimientos, tradiciones o prejuicios humanos.

Finalmente, quisiera dejar en claro, que la sexualidad de las personas no es un tema central de la iglesia, así como tampoco lo es su vida privada, por lo cual nos atenemos al Evangelio como siempre y a la fuerza de Dios que nos conduce a la vida por la fe en Cristo Jesús. 

Que el buen Dios obre en nuestros corazones y nos permita servir unidos en la misma fe, y que sea Dios quien saque lo mejor de nosotros para que podamos ser una iglesia que ama sin distinciones e que incluye sin prejuicios, en el amor de Dios. 

Un saludo fraternal, en el amor de Dios,

Rodolfo Olivera Obermöller
Pastor
pastor@iLuterana.cl

Viña del Mar, 11 de julio de 2019